Suena una llamada

                Nadie recordaba desde cuándo llevaba ese teléfono colocado en la avenida, bajo el tejadillo que intentaba, a duras penas, protegerlo de la lluvia y del sol. En aquel pueblo pequeño y remoto del medio oeste, en Kansas, no se cuestionó nunca quién habría decidido que era un buen lugar para ponerlo, ni por qué seguía ahí.

                Grande, de un negro lustroso y con el disco atascado, la última conferencia se había realizado hacía décadas. Sin embargo, de vez en cuando, despertaba y el timbre se escuchaba en las calles adyacentes. 

                Ocurría siempre al pasar alguien por delante. Esa persona era consciente de que tenía que atender el reclamo. Todo el mundo entendía que era algo ineludible, una ley no escrita, una llamada solo dirigida a él. El aparato sabía bien a quién elegir. Al colgar, algo cambiaba definitivamente en el interior del interlocutor.

                Aquella tarde, el pequeño Tommy tenía pensado aprovechar la hora de más calor y las calles desiertas de tráfico para poner a prueba su monopatín. Se había escapado de casa con una vaga excusa para, por fin, comprobar si, con las modificaciones realizadas, fruto de su ingeniería imaginativa, conseguía batir su propio récord de velocidad. Por su frente oscura, corrían gotas de sudor de pura emoción.

                Justo cuando estaba llegando al lugar elegido como punto de salida, el sonido del timbre le hizo pegar un respingo. Miró alrededor y constató que no estaba solo; un viejo con mil arrugas en la cara y en las manos le observaba atentamente. Tommy volvió la vista hacia el teléfono. Muy despacio, descolgó el auricular y se lo acercó al oído.

                El anciano vio cómo le miraba y recordó que ese brillo en los ojos, tan abiertos, era el que tenían los suyos hacía muchos años. Reconoció el patinete: el de su infancia.

                Y recordó la voz que había advertido al niño del coche que pasaría poco después a toda velocidad y que habría terminado con su vida de haber seguido adelante con la aventura planeada.

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