Un poco más del encuentro

La luz del portal se enciende súbitamente y sus miradas se encuentran sin posibilidad de esconderse.

Alguien baja las escaleras ruidosamente y sale con prisa abriendo y cerrando la puerta con un golpe que les devuelve al momento presente.

-No fui capaz de olvidarte. – susurra ella, y él percibe el empeño que puso en el intento.

-Recé para que no lo hicieras…

Un leve gemido sale de su garganta y refugia su rostro y su pasión de entonces en el abrigo de paño mojado del hombre. Siente una presión en el pecho que es tan punzante como familiar. Desearía escapar, teme volver a caer en aquellos días de preguntas sin respuesta. Levanta la cabeza y, en esta ocasión, encuentra una mirada diferente, desconocida. Por primera vez, una súplica que no había visto nunca, siempre velados esos ojos suyos por el orgullo y el muro que nunca le permitió traspasar.

Él vuelve a besarla, ahora con cuidado, casi con adoración. Le pide perdón en voz baja y ya no hay duda en la intención, solo la certeza de saber que, seguramente, es demasiado tarde para retomar la historia de antaño. 

Ella siente cómo recupera la calma y se reconcilia con ese amor que, durante años, le causó tanto daño. Está comprendiendo que ambos fueron víctimas de las cargas que les lastraban cuando se conocieron. Y que no supieron resolver mientras estuvieron juntos.

Él respira hondo y sabe que por fin ha podido reparar lo que nunca quiso hacer pedazos.

La bombilla se apaga de nuevo y les devuelve la intimidad deseada y, a sabiendas, provocada.

Una despedida que les procura paz y heridas sanadas. Un camino sin culpa y distinto que recorrer.

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