El joven amante pasea solitario por la orilla callada del Sena
Una tarde cualquiera, había visto a la chica cruzando uno de los puentes. Ella descansó su mirada en él por un momento tan fugaz como suficiente. Cuando consiguió reaccionar, corrió tras su pista el resto del día buscándola por los cafés y a la vuelta de cada esquina. No tuvo suerte. Tampoco el siguiente, ni los demás.
Nunca había experimentado nada parecido, un sentimiento tan arrollador que invadió su cuerpo y su mente sin dejar hueco para nada más. Su pequeño universo patas arriba de manera inesperada y brutal.
Bajo la pasarela, le dejó un mensaje: “J´écris mes rêves, quand j´écris ton nom” (Escribo mis sueños, cuando escribo tu nombre)
Pasó el tiempo y las letras pintadas se fueron desgastando con el viento y con la lluvia, pero nadie se atrevió a borrarlas
El amante todavía se sienta algunas tardes en el banco, inventando su nombre, imaginando que ella también le sueña.


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