“Al menos, así lo creen. Son felices”, pensó mirando a las estrellas, justo donde se encontraban con el mar.
Cerró los ojos y trató de recordar cuándo lo había sido él por última vez, y no halló momento más reciente que aquel de su infancia, las rodillas sucias y un diente partido en una batalla a muerte que había vencido su bando.
De nuevo, escuchó el eco de la fiesta que acababa de dejar, llena de luces, y de música y de verano.
Sonrió.
Apresando su recuerdo y el sonido alegre, quiso guardar ese instante como un tesoro. Le haría falta más tarde.
Aunque su cuerpo y su mente se resistían, decidió que ya era tiempo de volver. El mundo no iba a esperar eternamente su respuesta. Y tendría que continuar adelante después, consciente de su acierto… o de su error.
Seguir viviendo, a pesar de todo.

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